viernes, 30 de noviembre de 2018

Memento Mori (versos, canciones y trocitos de carne I).

Pérez Gellida, C. (2013) Memento Mori (versos, canciones y trocitos de carne I). Editorial Suma.



He de confesar que desconocía tanto esta trilogía (Versos, canciones y trocitos de carne) como al propio autor, César Pérez Gellida, hasta que encontré la reseña de Memento Mori en la revista de una conocida franquicia literaria que se pasea en círculo. Ante la sospecha de que existiese una versión española de los casos del comisario noruego Harry Hole (creación del gran Jo Nesbo) me interesé por la saga, le consulté a mi agente de la franquicia y él me aseguró con rotundidad que estaba muy bien.

Y está muy bien.

Y en efecto, el primer capítulo de la serie, Memento Mori, guarda muchas similitudes con las historias del policía nórdico.

Como en el caso de los casos protagonizados por Hole en Oslo, Memento Mori toma forma de un thriller trepidante, con un lenguaje directo y una trama que engancha, con algunas fintas para despistar al sufrido lector, toques de humor y hasta de cierta frivolidad, y algunos pasajes realmente sórdidos. Y un desenlace con alguna sorpresa. O sea, novela negra 100%

En mi opinión (totalmente subjetiva puesto que soy apasionado de las novelas protagonizadas por Harry Hole) Nesbo propone tramas que provocan una mayor tensión, hasta llegar a alcanzar un ambiente prácticamente eléctrico. Pero como contrapartida, Memento Mori tiene una singularidad que le aporta un gran atractivo: se desarrolla en la castellana ciudad de Valladolid, cuyas calles y atmósfera son excelentemente retratadas por Pérez Gellida. Esto hace que parezca que los ya de por sí realistas personajes del relato vayan a cruzarse con nosotros al torcer cualquier esquina de alguna ciudad del interior de España. Este aspecto está realmente logrado, de modo que al lector apenas le choca que en una ciudad relativamente pequeña y tranquila como Valladolid pueda andar un psicópata malísimo asesinando a cualquier pobre desgraciado.

Este es otro de los puntos fuertes de la historia. El psicópata, el malo. Psicópata y malo de verdad. Realmente cruel y malísimo, sí, como debe ser (siempre en la ficción, claro está). Sin concesiones. Y el autor tiene el acierto de concederle un gran protagonismo, casi más que al "bueno" de la historia. De indagar en sus retorcidos pensamientos y en su modus operandi. Ocurre como en el cine: donde esté un buen "malo", que se quite lo demás.

La trama es típica en este tipo de literatura, aunque no por ello deja de ser sugerente: un tipo muy peculiar se dedica a dejar un reguero de sangre por las calles de Valladolid, ante la impotencia del grupo de homicidios de la policía y el inspector Sancho, que dirige la investigación para esclarecer el caso y capturar al asesino en serie. Asesino que, como singularidad, es poeta, habla en latín, y tiene unos gustos musicales muy suyos. Y no estoy haciendo "spoiler" con esto. En la novela se sabe desde el principio quién es el asesino. La cuestión no es "quién"; sino el resto de incógnitas: "cómo", "cuándo", "dónde", "a quién", "por qué". Todo en el escenario de las frías calles vallisoletanas.

***