lunes, 21 de agosto de 2017

La sed.

Nesbo, J. (2017) La Sed, Penguin Random House Grupo Editorial.


¡Maldito Nesbo y maldito Harry Hole! Lo volvieron hacer. Creí que no podrían volver a engancharme, después de 10 relatos al borde del abismo. Pues lo han vuelto a hacer.

Y es que Nesbo no somete solo a su querido personaje, el ex-comisario Harry Hole, a todo tipo de retorcidos y sórdidos enigmas policíacos. No solo disfruta torturándolo en cuerpo y alma, sin descanso, hasta la propia extenuación. No solo se niega a concederle un minuto de tranquilidad, una tregua en que sus demonios interiores dejen de corroer sus entrañas. No. Es que a lo largo de esta serie ha creado a un universo singular de personajes en torno a Hole. Personajes que comparten sus propias grandezas y miserias con nosotros sin el menor reparo.

Nesbo es capaz de crear en cada pieza de Hole una atmósfera asfixiante que deja al lector con el corazón en un puño. Es capaz de proporcionar mil motivos para que el pulso de sus pobres seguidores se nos desboque sin compasión. No vamos a ganar suficiente para trankimazines.

Y así, tras unos años de silencio (aunque en la versión española de la serie no haya sido así, debido al retraso en la publicación), el ahora profesor de la Academia de Policía de Oslo, Harry Hole, felizmente casado y llevando un modo de vida que él mismo, en el fondo, teme que tenga fecha de caducidad, ha de volver a actuar. Sabiendo que eso puede, a su vez, volver a llevarle al infierno. Pero es que hay un tipo en Oslo que parece estar retándole. El único enemigo al que, en su carrera como el mejor policía especializado en asesinos en serie, no pudo atrapar jamás. Y ahora, a ese psicópata extremadamente inteligente, le ha entrado... sed.

No os diré mucho más de lo que ya he opinado en otras ocasiones con respecto a los relatos protagonizados por Harry Hole. Simplemente que en ciertos momentos de las historias paras de leer, alzas la cabeza, miras al vacío e imaginas a su creador, Jo Nesbo, con una sonrisa casi irritante y ojos algo entornados, desafiantes. Porque en verdad, hay momentos en los que sientes que juega contigo, y no sabes si tirar el libro por la ventana o seguir leyendo con avidez. Y suele pasar lo segundo.

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