lunes, 12 de diciembre de 2016

La última palabra.

Kureishi, H. (2014) La última palabra, Anagrama.



Acabo de terminar "La última palabra", obra del escritor londinense de origen (paterno) pakistaní Hanif Kureishi. Una novela entretenida, que no consigo clasificar con facilidad, y que me ha dejado algo desconcertado, lo que es de agradecer.

Kureishi cuenta la historia de dos escritores que establecen un duelo dialéctico lleno de sarcasmo y cinismo. Uno de ellos, Harry, es un joven escritor que necesita dar un impulso a su carrera o dejar definitivamente que se consuma en la mediocridad. Mamoon, un consagrado escritor entrado en años, de origen indio, que lleva ya cierto tiempo sin producir nada destacable, y vive de su gloria pasada. Ambos tienen un problema en común: necesitan dinero. Por ello, a través de la mediación de un excéntrico editor, llegan a un acuerdo: Harry escribirá la biografía de Mamoon. El primero será reconocido por su magnífico trabajo, el segundo volverá a estar en el candelero después de tantos años.

Harry se traslada a la mansión donde vive Mamoon con su peculiar esposa, Liana, en plena campiña inglesa. Y comienza su calvario: el viejo Mamoon, ese genio de las letras, es un tipo insoportable, caprichoso, egoísta, arrogante, vehemente, gruñón, escéptico, quizá mentiroso, con un pasado turbio en el que tubo dos amores pasados que acabaron en muerte y en desdén, respectivamente.

A Harry le cuesta encontrar la metodología para extraer información de un Mamoon receloso de escarbar en las partes más oscuras de su pasado. Ha de utilizar para ello ciertas artimañas no muy ortodoxas: seducir a Julia, la joven hija de la sirvienta de toda la vida de Mamoon, o incluso persuadir a su propia novia formal, Alice, para que seduzca, a su vez, a Mamoon, y le sonsaque los retazos más escondidos de su vida.

Quizá, lo que Harry saque al final en claro es que el gran Mamoon no es más que un tipo vulgar y corriente, en el último tramo de su vida, con sus debilidades y sus errores como cualquier hijo de vecino. Y tal vez también concluya que él mismo no es mucho mejor...

Lo que más me ha gustado de la novela es la mordacidad de los diálogos, esos combates de esgrima dialéctico a veces realmente sublimes, con ese toque de ironía y flema tan británico. Y esa sensación amarga de que, pese a lo que pueda parecer, la vida es una red de relaciones de intereses particulares y contrapuestos, que puede llevar a cada uno a encontrarse cara a cara con sus mayores miserias.

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