miércoles, 26 de agosto de 2015

El jilguero.

Tartt, D. (2014, 2013 de la original) El jilguero, Lumen.


Theo es un chaval de doce años que vive con su madre, una apasionada del arte. Han sido abandonados recientemente por el padre, un actor secundario venido a menos, alcohólico y jugador. Una mañana Theo y su madre visitan el Museo Metropolitano de Nueva York cuando una explosión brutal cambia la vida de Theo. La madre muere, y en la confusión cae en sus manos un pequeño y valioso cuadro, el Jilguero de Fabritius, que un extraño impulso le lleva a esconder. El destino de este cuadro y el suyo quedarán unidos para siempre. Tras el atentado, Theo vive rápido y peligrosamente. Pasará una etapa con una familia de la alta burguesía neoyorquina, luego se reunirá con su padre en un desolado paraje de las Vegas, donde conoce a Boris, un desarraigado chaval que adoptará como hermano, en paraes desolados, entre alcohol y flirteos con las drogas. Tras la muerte de su padre, volverá a Nueva York y vivirá en la casa de Hobie, un restaurador de muebles antiguos que le enseña los secretos de su profesión, y donde acude de vez en cuando Pippa, su amor imposible, que conoció en la misma escena del atentado.

Los negocios opacos, las drogas, una sociedad en la que no encaja, irán poco a poco desgastando a un ya joven Theo. El destino lo llevará a reencontrarse con Boris, convertido en un drogadicto, alcohólico, y tipo de vida turbia y al filo de la Ley. Boris le confiesa un gran secreto relacionado con el Jilguero que pondrá a prueba su amistad.

Theo acaba, de la mano de Boris, en Ámsterdam, intentando recuperar un Jilguero que voló de sus manos hace años sin percatarse de ello. Allí se verá mezclado en sucesos manchados de sangre.

Finalmente Theo, a punto de tirar la toalla de una vida que se le complicó demasiado pronto, encuentra una oportunidad de redención. Se reconcilia con la gente que le apoyó en los tiempos duros; pero no así con su propia vida.

Relato de una prosa exquisita, cargada de descripciones detalladas, empapada de matices, que puede ser interpretada desde múltiples perspectivas: como historia de intriga, de amistad, de amor, de pecado y redención; pero también de fracaso, de desesperación; siempre con el transfondo de la eterna pregunta, la de si nuestras vidas están predestinadas o se van formando a partir de sucesos caprichosos y del azar.

No obstante, es un relato que a veces cuesta leer, muy denso, interminable, de 1.150 páginas que a veces parecen infinitas. Como he leído en algunas críticas, opino que a este Pulitzer (premio que ganó en 2014) le sobran páginas. Salvo que se quieran absorber todas las aristas de la compleja vida de Theo. Las 25 últimas páginas, unas reflexiones del personaje que trascienden su propia vida, que dejan un regusto amargo, de desesperanza. También de compasión, porque tras ese cúmulo de páginas notamos que le hemos cogido aprecio al joven Theodore.

En resumen, leer este libro merece la pena si se tiene buena disposición y, desde luego, si no se busca una novela de lectura ágil, y si se tiene determinación para dedicarle un buen tiempo.

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