jueves, 14 de mayo de 2020

Todo lo mejor.

Pérez Gellida, C. (2018) Todo lo mejor, Penguin Random House Grupo Editorial.



Hace cosa de un año concluía la lectura de la trilogía de César Pérez Gellida Versos, canciones y trocitos de carne, compuesta por los episodios Memento Mori, Dies Irae, y Consummatum Est. En esta espléndida trilogía, reconozco que había un personaje que no me encajaba del todo. Sentía que su inclusión era un poco forzada, una pizca fuera de lugar. Se trataba de un psicólogo criminalista ruso, con ancestros españoles, ex-agente del KGB. Armando Lopategui. Carapocha. Y me preguntaba hasta qué punto era creíble que un tipo así acabara persiguiendo a un malvado psicópata por, entre otros lugares, las calles de Valladolid.

Bueno, Pérez Gellida aportaba otros argumentos mucho más convincentes para rendirme a su trilogía y disfrutarla plenamente.

Digo esto porque, justamente, lo que menos me entusiasmó de aquella historia, el personaje de Carapocha, ha sido rescatado por su creador en una suerte de spin-off que se sitúa muchos años antes de Versos, canciones y trocitos de carne. Concretamente en 1980, en plena guerra fría, y nada menos que en Berlín. Ahora bajo el nombre de Viktor Lavrov.

Y ahora sí me encaja.

Es como si el personaje de Armando Lopategui / Viktor Lavrov por fín se encontrara en su salsa, en el papel de agente del KGB infiltrado en la Stasi. Un tipo mordaz, seductor, racional y a la vez instintivo. Reflexivo pero visceral. Cínico y atormentado. Irónico y caballeroso. Repleto de matices. Metido en los complicados juegos del contraespionaje, mientras sigue el rastro del mal: un misterioso personaje que tiene la singular costumbre de hacer desaparecer a niños de los orfanatos de ambos lados del Muro para, literalmente, beber su sangre.

En esta aventura Viktor Lavrov no estará solo. Le acompañará Otto Bauer, inspector jefe de la Kriminalpolizei, Birgit Bauer, hermanastra de Otto y también agente de la Kriminalpolizei, y Erika Eisemberg, el amor de Viktor. Y los cuatro comprenderán pronto que cazar al asesino de niños no va a ser fácil cuando eso implica incomodar a las más altas esferas del poder.

La historia fluye ágil y con intensidad, no da tregua, y eso provoca que sea un relato altamente adictivo. Sin duda, una buena opción que nos hará pasar las largas horas de confinamiento y desescalada, sumergidos en la atmósfera gris del Berlín de la última etapa del muro que dividió a un país, y a todo un planeta.

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domingo, 5 de abril de 2020

Harriet.

Jenkins, E. (2013, 1934 de la primera edición) Harriet. Alba Editorial.


Esta novela pertenece a la colección "Rara Avis". Y cierto que lo es, al menos para lo que yo estoy acostumbrado a leer. De hecho, leí esta historia, inspirada en la sociedad victoriana de 1874, por mera casualidad: mi compañera y cómplice en lecturas de género negro, Rosa Muñoz, se acercó un día a mí en la cafetería de la Facultad con un ejemplar en la mano y me aseguró: "Te va a gustar." Y dio en el clavo. Más aún; más que gustar, me ha estremecido.

Harriet relata el triste, cruel devenir de una elegante mujer con algo más de treinta años, procedente de una familia adinerada, que era lo que en aquel tiempo se entendía por "tontita", es decir, que sufría algún tipo de discapacidad en el aprendizaje. Toda la vida había sido considerablemente feliz, protegida por su madre, en su "zona de confort", ajena a la crudeza de la sociedad de entonces. Hasta que un embaucador procedente de una familia sin apenas recursos, un tipo inteligente, seductor y con ningún escrúpulo, la enamora con la intención de casarse con ella y apropiarse de su fortuna. Y pese a la oposición de la madre de Harriet, y haciendo uso de todo tipo de argucias, lo consigue.

El marido de Harriet, Lewis, tiene como compinches a su hermano Patrick, un pintor de poca monta que vive al borde de la miseria recluido en una finca en el campo; a Elisabeth, la esposa de Patrick; y a Alice, la hermana de Elisabeth y verdadero amor de Lewis, una joven bella, ambiciosa y soberbia. Lewis también contará con el apoyo de la madre de Elisabeth y Alice, la señora Hoppner, prima de la madre de Harriet.

Una vez se celebra el matrimonio, y Lewis toma posesión de la fortuna de su esposa, comenzará la progresiva agonía de Harriet. Tras tener ella un hijo, será confinada a la humilde casa de la familia de Patrick, mientras Alice asume el papel de esposa de Lewis. Y transcurrirá una sucesión de vejaciones y tormentos: dejarán de hablarle, la tratarán como un animal, la encerrarán en una pequeña habitación con su hijo, la privarán de la higiene más elemental, apenas le darán de comer. Todo sin un plan preconcebido explícitamente entre Lewis y su familia; sino mediante acuerdos tácitos que van hilando una serie de aberraciones éticas y morales que nublarán la razón de todos ellos y desembocarán en el desastre.

La novela está narrada con el estilo propio de la primera mitad del siglo veinte, en un lenguaje detallado, casi exquisito, no exento de eufemismos, algo barroco, y siempre terrible. Lo que más llama la atención es la evolución del parecer de los secuestradores, Lewis y su familia. Cómo sus convicciones morales, como ya he dicho, se moldean para justificar las mayores atrocidades que, aunque ninguno de ellos se atreve a confesarlo, tienen como fin último y compartido por todos ellos la destrucción de Harriet. Asusta el modo en el que el mal puede ir haciendo mella de almas aparentemente sencillas y vulgares. Porque eso es lo que más conmociona. No estamos hablando de actos realizados por algún psicópata de novela negra. Estamos hablando de gente normal y corriente que se deja llevar por la ambición hasta inundar sus almas de oscuridad y odio.

Pero lo que más me sorprendió y me conmovió fue el epílogo incluido al finalizar la novela, escrito en 2011 por Rachel Cooke, y que explica el contexto de la novela y de su autora, Elisabeth Jenkins. Y, por no hacer espoiler, tan solo diré que los sucesos descritos de forma novelada en esta obra no son ficción. En efecto, esta terrible historia se basa en los hechos reales del conocido como
el "misterio de Penge". Y de este modo, descubrimos cómo esta terrible historia no se basa en una licencia creativa de Jenkins; sino en el comportamiento real de una familia, que conmocionó a la sociedad de la época.

Recomendada para quien tenga ganas de leer un relato duro que le lleve a reflexionar sobre el mal y la condición humana.

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martes, 24 de marzo de 2020

Niebla.

Unamuno, M. de (2016 de la 29ª edición; 1914 de la edición original) Niebla. Cátedra.


Hace unos 32 o 33 años, mi admirado Antonio J. Almarza me prestó un ejemplar de "Niebla", y me animó a leerlo.

Quedé conmocionado.

Unas décadas después, pensé que no era mala idea, en estos días extraños, releer una novela... extraña.

Novela extraña porque, entre otras cosas, no es una novela, es una "nivola". Lo dice... ¿el autor? Pues no tengo muy claro si lo dice el autor a través de sus personajes, o son los propios personajes los que lo afirman de modo autónomo a los designios de su propio creador. Porque de esto va "Niebla": del sentido de la vida y de la existencia, de la reflexión última que muchos nos hacemos: ¿Somos entes libres, o meras creaciones de alguien, llámese un autor literario, llámese Dios? ¿Trazamos nuestro destino, o seguimos las pautas que marca nuestro autor?

A estas preguntas se enfrenta (o más bien, plantea y deja en el aire) don Miguel de Unamuno en este relato; no desde los párrafos de un texto filosófico y árido; sino desde la narración de una historia de enredos y amoríos, compuesta de diálogos y monólogos, viva, mordaz, a veces casi esperpéntica, siempre irónica y con un toque de cinismo. De modo que Unamuno nos enfrenta a la gravedad de la cuestión última, la de la libertad personal y la existencia de Dios, partiendo de un relato banal y folletinesco.

La historia, en todo caso, se centra en las desventuras de Augusto Pérez, un señorito adinerado cuya querida madre ha fallecido hace poco. Un día, al salir de su casa, queda prendido de Eugenia, una profesora de piano que vive con sus tíos. Pero Eugenia, a su vez, está enamorada de un rufián de tres al cuarto. En medio del desconcierto, se ve atraído por la chica que le proporciona diariamente la ropa planchada, Rosario, la cual le promete fidelidad eterna. Sus vacilaciones y dudas las comparte tanto con su amigo Víctor como con Orfeo, un perro vagabundo al que acoge compasivamente.

En cierto momento, Augusto se enfrenta a la tesitura de tener que elegir como compañera de vida a Eugenia (la pasión, el reto), o bien a Rosario (la ternura, la fidelidad). Elige a Eugenia, y Rosario desaparece. Pero, tras un atormentado noviazgo, Eugenia lo abandona y huye con su antiguo novio, el rufián.

Desolado, al haber descubierto que ha sido engañado como cualquier panoli, Augusto decide suicidarse, aunque antes tiene pendiente un encuentro en Salamanca. Con su creador, el propio Miguel de Unamuno.

Y ese capítulo en el que se relata la conversación entre autor y personaje, el capítulo XXXI de "Niebla", supone el paso de esta historia a una nueva dimensión: desde la literatura a la meta-literatura, desde lo vulgar a lo filosófico; siendo un experimento por el que, en mi opinión, bien vale leer todo el folletín de los treinta capítulos precedentes (Algunos de ellos, eso sí, hilarantes).

"Niebla" combina pasajes vulgares y cómicos con monólogos y diálogos endiabladamente enrevesados; simultanea un lenguaje llano con una oratoria complicada y de obligada doble (o triple) lectura. Niebla es una obra a la que aborrecer o admirar; pero sin duda, no deja indiferente. Es una ópera en letra de caligrafía.

¿Aconsejo leer "Niebla"?

No me atrevería a ser tan vanidoso para recomendar que no se lea a una de las mentes más lúcidas de la literatura española, nada más y nada menos que don Miguel de Unamuno. Ahora bien, si se busca una lectura amena y sin más pretensiones que entretener en estos tiempos complicados que nos ha tocado vivir, no creo que sea el momento de recurrir a esta "nivola".

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sábado, 14 de marzo de 2020

1793.

Natt och Dag, N. (2020, 2017 de la edición original) 1793. Salamandra.


Supe de la existencia de este thriller histórico a través de una crítica realizada en un diario digital. Lo definían como "El Nombre de la Rosa" del siglo XXI. Vayamos por partes (quien ya haya leído la novela notará la ironía...)

"1793" es un relato interesante, intrigante, continuamente descorazonador, a menudo sórdido. Está ambientado en el año que le da título, en Estocolmo, una ciudad impactada por los acontecimientos de la Revolución Francesa; una ciudad insalubre, donde los habitantes viven, en general, en unas condiciones de vida duras, casi extremas, rodeadas de podredumbre. Así las cosas, en el otoño de ese año, aparece en uno de los lagos de la ciudad, usualmente convertido en un vulgar vertedero, un cuerpo joven, de un hombre cruelmente mutilado, sin extremidades, ni ojos, ni lengua, ni genitales. El azar lleva a que se ocupen de esclarecer el caso dos personas muy diferentes; pero que congeniarán desde el primer momento. Por un lado, el veterano de guerra Mickel Cardell, un hombretón tullido, con un brazo de madera, dado a la bebida, con la que intenta espantar sus fantasmas interiores. Por otro lado Cecil Winge, un respetado abogado, adelantado a su tiempo, recto, sagaz e incorruptible en ese ambiente de conspiraciones e intereses ocultos, que sufre un avanzado estado de tuberculosis y espera una muerte que le puede llegar en cualquier momento. El tiempo apremia para esclarecer el crimen; tanto por el precario estado de salud de Winge como por el propio clima político de la ciudad y del país, que amenaza con obligarles a dejar el caso en el olvido.

La novela, en ese punto, planteado el caso, salta en su segunda parte al pasado, al verano de ese mismo año, para narrar la extraña peripecia del aprendiz de cirujano Kristofer Blix, quien, arrastrado por cierta ingenuidad y la vida frívola del Estocolmo nocturno, encontró su propia ruina.

Y desde ahí, una tercera parte pasa a relatar la vida de la joven Anna Stina, de nuevo unos meses atrás, en la primavera, y el calvario por el que tuvo que pasar en el Estocolmo marginal y cruel.

Por fin, la cuarta y última parte (la mejor parte de la novela, sin duda) vuelve avanzar hasta el invierno del año para retomar las pesquisas de Winge y Cardell, y cómo su tesón e inteligencia, y un poco de simple suerte, los conduce hasta la pista del asesino, lo que les hace cruzarse, a su vez, con los caminos de Blix y Anna Stina.

Como ya he dicho, una trama bien urdida, en un lenguaje directo que se recrea en la descripción de un ambiente terrible, sórdido, con una atmósfera gótica y estremecedora.

Y dicho esto, y dejando claro que es una muy buena novela y un relato cuidado que no deja indiferente, retomo la cuestión inicial: ¿Es comparable "1793" a "El Nombre de la Rosa"?

Ni por asomo (en mi modesta opinión).

Y a quien lea la novela con el prerrequisito de encontrarse una historia con la misma calidad creo que le podrá suceder como a mí: le dejará cierto halo de decepción. Porque es una gran novela, insisto. Pero las obras maestras no son tan habituales.

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domingo, 9 de febrero de 2020

Alegría.

Vilas, M. (2019) Alegría. Planeta.



Es difícil clasificar esta obra. ¿Una autobiografía? ¿Es ficción? ¿Es una autobiografía novelada? Seguramente.

Da igual.

Alegría es una historia conmovedora, casi vehemente a veces. Reflexiva, a menudo metafísica. Tremenda. Una carga de profundidad ante la gran pregunta: el sentido de nuestras vidas.

La historia no transcurre de modo continuado, como una novela al uso. Son cortes de vida, escenas, retazos de vivencias. Experiencias del protagonista (el propio Vilas) en el año posterior al lanzamiento y éxito de, precisamente, su anterior obra, Ordesa. Y como entonces, sigue analizando los sentimientos que afloran tras la pérdida de los seres queridos y, en concreto, su padre y su madre.

El protagonista llega a la conclusión de que su vida zozobra en la soledad; siente cómo la soledad cala cada poro de su piel despertando sus fantasmas, sus miedos más profundos, a los que da entidad bajo el personaje de Arnold / Nosferatu. Nota cómo el ciclo vuelve a repetirse, cómo sus dos hijos mantienen una relación más bien distante con respecto a él porque están desarrollando su propia vida en la que él solo tiene un papel secundario; como él mismo hizo con sus padres. Y la tragedia es que una de las conclusiones a las que llega es que solo cuando ya ni su padre ni su madre estaban en este mundo, él descubrió el poderoso sentimiento de amor que ellos sentían hacia él, y que él sentía hacia ellos. Y teme que sus hijos repetirán en sus vidas el mismo error: el amor por los padres en diferido.

Y más aún. Desencantado, perdido, desorientado y atenazado por el acoso de Arnold / Nosferatu, incluso con alguna idea suicida; descubre que la única fuente de amor verdadero que le queda es el recuerdo de sus padres.

El recuerdo de sus padres, esas vivencias a las que ahora dota de significado y sentido. Y le hacen ver qu estaban orientadas siempre por un fuerte sentido de amor.

Y la alegría de esos recuerdos es lo que alimenta su disposición a seguir en la lucha.

Y estos recuerdos le hacen percibir las pequeñas cosas, los pequeños gestos del día a día, como acontecimientos solemnes y bellos. Que lo conectan con el recuerdo de sus padres. Que le ofrecen píldoras de alegría. Las píldoras para intentar mantener a raya a sus fantasmas, a su sensación de fracaso cital y en la relación con sus hijos. A Arnold / Nosferatu.

En definitiva, pese a su título, no es una obra precisamente alegre. Es solemne. Como dije, es conmovedora. En pocas obras he subrayado tantos pasajes, tantas frases lapidarias (en el mejor sentido de la palabra) como en esta. Es la historia de una búsqueda, la búsqueda de la felicidad (o de un sentimiento más o menos parecido) por medio de la alegría generada por los pequeños acontecimientos que sirven para traer al presente los recuerdos del pasado, ligados a los padres, e inmersos en un amor que en algún momento permaneció soterrado.

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miércoles, 8 de enero de 2020

La peor parte. Memorias de amor.

Savater, F. (2019) La peor parte. Memorias de amor. Planeta.


Primera reseña del año 2020. Y no la ocupa una novela, como suele ser habitual en este blog; sino una historia real, una biografía, una reflexión sosegada pero terrible, un retrato desde la nostalgia, desde la admiración, y a veces desde la culpa y la tristeza. Una historia de amor conmovedoramente tangible y trágica.

La historia repasa la vida en común del gran Fernando Savater con el amor de su vida, su "Pelo Cohete", Sara Torres, desde la perspectiva de su prematura muerte por un cáncer. Es duro el planteamiento de Savater: dejad de animarme, dejad de consolarme (aunque lo hagáis con buena intención), dejad de decirme que hay que seguir adelante y que el tiempo todo lo cura. Yo he perdido el amor de mi vida, y en ese sentido mi propia vida, y no quiero pasar página porque no quiero olvidar este amor, no sería justo ni siquiera posible. Ya no me queda vida por delante, si esta se entiende como amor: solo queda sobrevivir y dar testimonio de lo que este amor fue.

Demoledor. Y al leer estas páginas uno a veces piensa que solo son emocionalmente soportables porque Savater las adereceza de dos cosas: una, de sus lúcidas reflexiones fruto de una mente privilegiada y de una vasta cultura y formación. Y otra, de esas deliciosas pinceladas de esos tiempos felices que compartió con su "Pelo Cohete", de sus aventuras en Nueva York, su intimidad en San Telmo, sus proyectos editoriales, sus noches de compartir cine y complicidad... Su recuerdo de los pequeños momentos que compartieron Fernando y Sara, Sara y Fernando, momentos pequeños y mágicos, como mágicos y maravillosos son las vivencias más cotidianas y sencillas en el amor. Aunque, justamente, estas perlas de la felicidad pasada son dulces condimentos que tienen un efecto contraproducente: hacen que sea más amargo aún el relato de la agonía de la vital Sara: Pontevedra. Baltimore, Madrid, Donostia.

En definitiva, una historia desgarradora y triste que no busca ningún tipo de catarsis; pero que por el contrario se puede interpretar como uno de los más bellos homenajes al Amor con mayúsculas. Y aunque el bueno (y sabio) de Savater no busque consuelo, no puedo reprimir las ganas de darle un fuerte abrazo, sin palabras, sin frases que busquen anestesiar el dolor. Un abrazo desde lo más profundo del alma.

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miércoles, 25 de diciembre de 2019

Cuchillo.

Nesbo, J. (2019) Cuchillo, Penguin Random House Grupo Editorial.


Llegó la 12ª entrega del comisario Harry Hole. Y de nuevo, no decepciona. Y eso que en este caso se ha evolucionado a un thriller más psicológico, con menos violencia explícita. Pero la historia se sigue sosteniendo en unos pilares que forman el microcosmos de Hole y que es lo que encandila a tantos y tantos seguidores incondicionales.

Harry Hole, al comienzo de la novela, no atraviesa su mejor momento: el único amor de su vida, Rakel, lo ha expulsado de la suya. Y él ha caído en brazos de su viejo amigo Jim Beam. Y de nuevo naufraga en la espiral de autodestrucción, en su infierno interior. En el alcohol. Pero en ese estado, ¿hasta dónde es capaz de llegar el alma enferma de Hole?

No se puede decir que Jo Nesbo trate muy bien a su personaje de mayor éxito. En las sucesivas entregas le ha hecho caer varias veces en el infierno del alcohol, de la soledad, del remordimiento. Y también lo ha sometido a penurias menos metafísicas: le deformó el rostro con una cicatriz de boca a oreja, le arrancó un dedo... Literalmente lo mató (aunque solo Nesbo puede hacer resucitar a un muerto y que sea creíble).

Y ahora el "cruel" autor Nesbo da un giro de tuerca más.

¿Es capaz de transformar al icónico comisario, al más íntegro de los policías de Oslo, en un asesino despechado?

Leed, leed malditos.

Nada es lo que parece. O sí.

En definitiva, buena entrega, con giros que dejan al lector continuamente en fuera de juego, y leyendo una página tras otra con verdadera adicción y avidez. Personalmente, aunque hay críticas que dicen que Nesbo se ha superado con Cuchillo, yo sigo prefiriendo El Muñeco de Nieve, esa maravillosa historia escrita hace una docena de años, sin dudarlo. Pero eso no quiere decir que esta entrega sea condenadamente buena.

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